viernes, 21 de noviembre de 2025

La mala costumbre

 





Hay gente que uno se encuentra a diario que debería traer un letrero luminoso que diga: “Cuidado: pregunta cualquier cosa, aunque no le importe”

Son esas almas curiosas —o desocupadas— que te interrogan como si fueras sospechoso en una serie policial… pero sin el glamour.

Y luego están los otros, los detallistas: esos que, si los dejas, te sacan hasta el número de cédula, el tipo de sangre y la fecha de vencimiento del alma. Todo esto, claro, sin tener ABSOLUTAMENTE ninguna razón para saberlo.

 

Mientras tanto, yo sigo aplicando la vieja enseñanza de mi mamá: “La mejor forma de saber algo es… no preguntar”. Y qué verdad. 

 

Uno nunca sabe cuántas ampollas trae el zapato ajeno, ni cuán cerca está el otro de tirártelo por la cabeza.

 

 


Imagen de cortesía Freepik 

viernes, 31 de octubre de 2025

Los Cuentos de la Maluquita

Descripción del Blog:

 

 

Dicen que cada persona es un mundo, y cada mundo está lleno de historias: anécdotas, fracasos, triunfos, mitos y leyendas que nos hacen únicos. En este blog quiero compartir esas historias. 

—propias y ajenas— que asombran, inspiran, enseñan o simplemente nos hacen sentir. Pondré lo mejor de mí en cada palabra, con la esperanza de que cada cuento deje una huella, como lo hacen las vivencias reales que los inspiran.

miércoles, 29 de octubre de 2025

Palabras en memoria de mi padre, a un mes de su partida

 

 


 

Hoy se cumple un mes desde que mi padre partió, y vienen a mi mente tantos recuerdos, tantas enseñanzas, que me doy cuenta de algo muy cierto: el ejemplo arrasa.

Mi padre no necesitaba repetir las cosas dos veces; una vez era suficiente. Siempre dialogaba sin imponer su opinión. Nunca lo escuché decir malas palabras, ni quejarse de su trabajo. Me dio el pescado en la boca, pero también me enseñó a pescar.

En los tiempos difíciles, me habló de las vacas flacas y las vacas gordas, recordándome que la vida tiene ciclos y que debemos aprender de todos ellos. Me enseñó a no discriminar a nadie, porque no todos tenemos las mismas oportunidades. Me enseñó a servir sin decirlo, a ayudar sin esperar reconocimiento, porque —como él decía— la mano derecha no debe saber lo que hace la izquierda.

También me enseñó que solo Dios garantiza la suerte, que en la vida hay que esforzarse para alcanzar los sueños, y que ningún trabajo es deshonra.

Era un hombre firme pero justo. Cuando algo no estaba bien, simplemente me decía: “Creo que puedes hacerlo mejor.”
Era ese motor silencioso que con pocas palabras decía mucho, que animaba sin hacer ruido, que guiaba con el ejemplo.

Recuerdo con emoción su último mensaje de cumpleaños para mí, donde me decía lo orgulloso que se sentía de tener una hija como yo. Gracias, Dios, por haberme dado un padre tan maravilloso y ejemplar.

Me enseñaste, papá, que ayudar a la familia no se dice, se hace.
Que en la vida hay que aprender de todo, porque el mundo da muchas vueltas.
Que el respeto empieza en casa.
Que el dinero es solo una herramienta, no un trofeo.
Y que con disciplina, todo se logra.

Algo que siempre destacaré de ti es que el verdadero poder no necesita anunciarse: simplemente se nota, se siente, se respeta.

Tu legado vive en mí, en mis acciones y en mi manera de ver la vida.
Gracias, papá, por tanto.
Tu voz, tus valores y tu amor seguirán guiándome siempre.

 

Bertha Marina Abad 


 



viernes, 24 de octubre de 2025

El dolor de no poder despedirse

 

 


 

No hay dolor más agudo, más callado y persistente… que ver partir a un ser querido sin poder estar ahí.

Sin un adiós, sin una mano que estrechar, sin la ceremonia del cierre.

Aunque se haya hablado, aunque el amor haya sido claro en vida… algo queda incompleto. Algo no cierra.


Un vacío se instala, no solo en el corazón, sino en la memoria: una ausencia de imagen, de palabras, de ritual.

 

Y con ese vacío, llegan emociones complejas.
La culpa, por no haber estado.
La negación, que susurra que aún están.
El sufrimiento, que no sabe dónde dejarse caer.

 

Despedirse es humano. No hacerlo… nos deja rotos en lo invisible.

 


 




 


viernes, 19 de septiembre de 2025

Se está apagando la luz…

 

 
 
 
 
Se está  apagado la luz que me guió

Se está apagando la luz…
la que me iluminó desde que aprendí a mirar,
la que me sostuvo la mano con firmeza
y me enseñó a caminar sin miedo.
Esa luz que llamé papá.
 

Sabía que este día vendría,
lo dicen los años, lo dicen los cuerpos cansados…
pero el alma nunca está lista
para ver apagarse un sol tan amado.
 

Cada vez que respiro,
cada vez que tiemblo por dentro,
siento el eco de tus pasos tras los míos,
y entiendo que todo lo que soy
lleva tu nombre escondido en silencio.
 
 
Hoy te veo luchar en la frontera del dolor,
te veo callar con la mirada,
te veo entregarte con dignidad,
y aún así, me das lecciones de esperanza,
como si el amor no conociera final.
 
 
Miro al cielo, papá…
porque tú me enseñaste que arriba
también hay camino, también hay luz,
y que Dios tiene el control,
aunque nuestros corazones estén rotos.
 
 
Así que aunque duele,
aunque mis lágrimas no se secan,
voy a abrazarte con cada palabra,
voy a honrar tu vida con la mía,
y cuando llegue el silencio…
te llevaré conmigo,
como la luz eterna
que nunca dejó de guiarme.

 

 



martes, 9 de septiembre de 2025

Ángeles invisibles

 


Hay ángeles que no necesitan alas para volar,
porque sus pasos, sencillos y callados,
ya tocan el cielo.

Dios los siembra en nuestro camino como un regalo secreto:
pueden ser familia, un amigo del alma,
o un desconocido que se vuelve hermano en la necesidad.
Ellos aparecen cuando la vida pesa,
cuando el corazón siente que no puede más,
y con un gesto, con una mano tendida,
nos devuelven la esperanza.

Yo conocí a uno de esos ángeles.
No busca aplausos, no quiere fotografías,
no entiende de redes sociales ni de vanidades.
Su alegría es servir en silencio,
hacer el bien mirando al cielo,
sabiendo que su obra tiene testigo en lo eterno.

El sol, la lluvia o el calor no lo detienen,
porque su fuerza no viene del cuerpo,
sino del alma.
Su nombre no lo escribo,
porque sé que su humildad no lo permitiría.
Pero Dios lo conoce,
y eso basta.

Hoy solo puedo decir gracias.
Gracias por tu entrega escondida,
gracias por recordarme que en este mundo
todavía brillan las huellas de lo divino.

Que el Señor te pague con abundancia,
que multiplique tu bondad en esta vida pasajera
y que te corone en la eternidad.







Ángeles sin alas

 




Dicen que los ángeles viven en el cielo, pero algunos caminan entre nosotros sin que nadie los note. No llevan túnicas blancas ni tienen alas brillantes; se parecen más a un vecino, a un familiar, a un amigo inesperado… o a esa persona desconocida que, justo cuando sentimos que ya no podemos más, aparece para darnos la mano.

En mi vida, Dios me regaló de esos ángeles. No vuelan, pero siempre llegan a tiempo. No buscan aplausos ni recompensas, porque su corazón está puesto en servir. Algunos siguen la antigua enseñanza de que lo que hace la mano izquierda no lo sepa la derecha.

Uno de esos ángeles —cuyo nombre no mencionaré, porque sé que no lo querría— es de esos que no se detienen ni por el sol ni por la lluvia. No tiene redes sociales, no se preocupa por figurar en fotografías, no se distrae con un teléfono brillante. Solo se preocupa por ser útil, por tender la mano, por hacer el bien en silencio, mirando siempre hacia arriba, hacia Dios.

Yo no tengo cómo pagar tanta bondad. Solo me queda agradecer con todo el corazón y pedir bendiciones para esa vida que se entrega sin esperar nada a cambio. Gracias, porque tu ejemplo nos recuerda que todavía hay pureza en este mundo.

 

Dios te pague, Dios te multiplique, en esta vida pasajera y en la eternidad.


Imágenes de Cortesía Freepik



4 meses

    El 29 de septiembre de 2025 quedará grabado en mi memoria para siempre. Esa fecha fue siempre especial para mí: el día de los Arcángele...