Autobiografía de Juan Ignacio Abad Vergara

 

Tiempo después, cuando decidí inscribirme por segunda vez en un concurso de cuentos, le pedí que me prestara uno de los suyos para participar. Pero él, siempre firme y recto en sus convicciones, me respondió que no tenía sentido, que debía esforzarme y escribir el mío propio. Me dijo que su estilo era diferente, pero que podía enviarme uno de sus textos para que me sirviera de guía.

“Organízate —me dijo—, sé que puedes hacerlo. Estoy un poco cansado para corregir, pero leeré lo que escribas y te daré algunos consejos”.

Fue así como nació su biografía, y cómo yo, a partir de ella, di forma a EÚltimo Vástago.


El viejo Ignacio, como llamaban a papá abuelo. Él se propuso; nunca bautizar a ninguno de sus hijos varones con su mismo nombre. 

El día de su cumpleaños 11de junio de 1942,su esposa Francelina le llegaron los dolores de parto y, buscaron al doctor Licho, renombrado médico partero; así llamaban a los profesionales ginecólogos. 

El doctor Licho, viendo que eran más de las 11 de la noche, le informó  a las hijas mayores y al viejo Ignacio, que habría que practicar una cesárea, allí mismo en la casa y, se dedicaron con las precauciones  reglamentarias, como el agua hervida, pañales,alcohol y, muchas otras prevenciones. 

Al fin pasadas las 12 de la noche, llegó el llanto de un hermoso varón y el viejo Ignacio dijo que a este vástago si llevaría su propio  nombre:Juan Ignacio Abad Vergara...

Los dos nombres y los dos apellidos, iguales.

A este su décimo cuarto descendiente; ocuparía el puesto 11,debido a que ya habían muerto por enfermedades de la época 3 hijos, dos  varones y una hembra a quien habían llamado Soledad. De allí que la próxima niña al nacer la bautizaron con el nombre de Soledad Abdegunda en honor a una santa princesa de Alemania.

Soledad Abdegunda o Soledad Segunda dio origen a que hoy se le llame Gunda.

El nuevo vástago nacido el 12 de junio fue creciendo,viendo a sus 10 hermanos mayores que él, todos embebidos en negocios al igual que el viejo Ignacio.

De 9 años de edad,el joven Juan Ignacio, salía a vender artículos que traían unos parientes del entonces corregimiento del Roble.

Nacho como lo llamaron al último vástago de la familia Abad Vergara, empezó a mostrar también su casta de comerciante; como sucedió una vez que le entregaron una cantidad de huevos de gallinas para vender a 5 centavos, cuando para esa época se compraban a más de 7.50 centavos.  Nacho los ofrecía y vendió 3 unidades por 20 centavos, quedándole una visible ganancia.

Con unos 12 años de edad vendió helados, tipo paletas que para entonces llamaban

"Polares".

Por las enseñanzas recibidas del viejo Ignacio, el joven fue guardando lo ganado por la venta de helados y, con esos ahorros le permitió comprar una bicicleta por su propia cuenta.

Para finales del año 1954, el viejo Ignacio y familia se trasladaron a  Barranquilla; para noviembre de 1956 muere en Barranquilla, Francelina la madre del joven Nacho.

Para el año siguiente el viejo Ignacio fue con el "cuento triste" al colegio de los padres salesianos, donde había cursado el primer año de secundaria. El padre que los atendió, le dijo al viejo Ignacio: haga el esfuerzo y matricúlelo,  Dios proovera. 

Los sacerdotes lo entrenaron para ayudar misas en la iglesia San Roque, de la misma comunidad y al frente del colegio con el mismo nombre. Con esa ayudante en las misas pagaba las mensualidades del colegio.   En esa forma el joven Nacho pagó sus estudios de secundaria, hasta el año de 1960 cuando recibió el grado de bachiller.

En tiempos de vacaciones el joven volvía a Corozal, su terruño y trabajaba lavando carros en la gasolinera de la población; donde Filadelfo un hermano de los mayores, era administrador. 

Alternaba el trabajo con la venta de gas queroseno, utilizado para esa época. De allí obtenía los recursos para sus gastos inmediatos.

Todo esto le sucedía al nuevo bachiller, quien veía a sus hermanos trabajar duro, para cuadrar sus ingresos..:Ítalo el mayor de todos los hijos del viejo Ignacio, conducía un camión que traía quesos de la ciénaga, por los lados de San Benito. Italo tenía libre el producido, cuando iba a buscar los quesos y, eso le arreglaba sus ingresos.

Filadelfo tenía su trabajo como administrador de la gasolinera. Rosa la hermana mayor, matrona de la familia Montero Abad, era muy ágil y experta comerciante, entregaba a crédito mercancías, obteniendo buenos dividendos, siendo así un verdadero soporte para los suyos. Roque era el encargado de la sección de electrodomésticos en el almacén de Carlos Pérez. Roque hacía 2 veces rifas al mes, de electrodomésticos que pagaba al almacén y, así él pagaba al almacén, aumentando las ventas y su ingreso extra. Ángel el más humilde de todos, trabajaba en la gasolinera con su hermano Filadelfo. Ángel era el encargado de la venta del kerosene. Y a pesar de ser el más humilde, le dio trabajo a otro trabajador, ya que Tirso como lo llamaban le entregaba una cantidad de galones de gas queroseno al subcontratista,  para que este en una carreta, vendiera a domicilio el queroseno y así todos ganaban: el propietario, Ángel por la comisión por mayor venta y el contratista, por el reajuste de precio a domicilio.

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