El 29 de septiembre de 2025

 

 


"Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás."
Juan 11:25-26

 

El 29 de septiembre de 2025 quedó grabado para siempre en mi memoria y en mi corazón.

Siempre fue una fecha muy especial para mí, porque soy devota de los Santos Arcángeles. Mi padre también tenía una profunda devoción a San Rafael, el Arcángel de la sanación y del camino. Por eso, no puedo dejar de pensar que Dios, en su infinita sabiduría, eligió ese día para llamarlo a Su presencia.

A las nueve de la mañana, su alma dejó este mundo y emprendió el viaje hacia la Casa del Padre.

Hoy, al cumplirse el primer aniversario de su partida, el dolor de su ausencia sigue acompañándome, pero mi fe me sostiene. Sé que la muerte no es el final, sino el comienzo de la Vida Eterna prometida por nuestro Señor Jesucristo.

Elevo mi oración por su alma, porque creo en el juicio de Dios, pero creo aún más en Su infinita misericordia. Confío en que el Señor, que conoce el corazón de cada uno de sus hijos, haya mirado a mi padre con amor, perdonado sus faltas y lo haya recibido en la paz de Su Reino.

Le pido a San Rafael Arcángel, a quien él tanto veneró, que haya sido compañero de su último camino y que continúe intercediendo por él ante el trono de Dios.

Papá, tu voz ya no resuena en esta tierra, pero permanece viva en mi corazón. Tus enseñanzas, tu ejemplo y el amor que sembraste siguen iluminando mi vida. Aunque mis ojos ya no puedan verte, mi alma espera el día en que, por la gracia de Dios, podamos volver a encontrarnos en la eternidad.

Hoy no solo derramo lágrimas; también elevo una oración llena de esperanza:

 

"Señor Jesús, recibe el alma de mi padre. Purificala con Tu infinita misericordia y concédele el descanso eterno. Que la luz perpetua brille para él y que, por la intercesión de la Santísima Virgen María, de San Rafael Arcángel y de todos los santos, goce para siempre de la alegría de contemplar Tu rostro. Amén."

 

Papá, nunca dejaré de extrañarte, pero tampoco dejaré de confiar en las promesas de Dios.

 

Porque el amor no termina con la muerte. El amor permanece, la fe sostiene y la esperanza nos recuerda que un día volveremos a abrazarnos en la presencia del Señor.

 

"Dale, Señor, el descanso eterno, y brille para él la luz que no tiene fin". Que descanse en paz. 


 Amén."

 

 


 

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