¿Cómo reconocer un sapo?

 

 



 

 

Quizás la palabra sapo —o lambón, para los que manejan diccionario colombiano avanzado— suene muy nuestra… y sí, la dominamos como nadie. Desde la pandemia, con el miedo en oferta y el combo “cuidémonos todos”, muchos se volvieron agentes especiales del vecinómetro, expertos en reportar al que respiraba fuera del protocolo.

 

Porque claro, nada decía “amor al prójimo” como sacar el celular para delatar al que se bajaba el tapabocas tres centímetros. Héroes anónimos, les decían… aunque héroes sin capa, sin sueldo y, sobre todo, sin vergüenza.

 

Y lo mejor: los mismos indignados defensores de la humanidad son los que después cobran el doble, se burlan del que pueden y hacen “travesuras” que ya rozan el código penal… pero ojo: eso sí es normal, porque ahí nadie se muere, ¿cierto?

 

Al final nos convertimos en sapos asustados, creyendo que salvábamos al mundo cuando apenas podíamos con nuestro propio pánico. Héroes no: vigilantes improvisados con complejo de moral elevada.

 

Recordatorio amistoso: hay vida más allá del cuerpo… se llama conciencia. Así que, por su propio bien, no sea sapo. Viva su vida sin meterse tanto en la de los demás.


Que muchos hablan de libertad con voz firme… pero viven más amarrados que perro en finca ajena.

 

Imagen de cortesía freepik 



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